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El Lobo Marino

El lobo marino había sido un habitante de la tierra, que fue convertido en un animal del mar, de conformidad con la siguiente leyenda.
 
El Dios de las nubes recorría las orillas del mar, en búsqueda de una tela vaporosa que pudiera reemplazar a sus hijas, las nubes, y encontró a la espuma de mar. Tomó de ella y ascendió a su hogar; pero al compararlas encontró a la espuma de categoría mucho inferior y la devolvió a la ola originaria.
 
El Dios del mar se resintió por este despojo, que había sido hecho sin su consentimiento ni autorización, y cuando el Dios de las nubes cumplía con devolver la espuma, colocándola en la ola detenida, le cercenó una mano. Desde ese día el Dios de las nubes, ya manco, perdió la mitad de su poderío, de donde se explica porque las nubes no surcan sino la parte más alta de la atmósfera.
 
Uno de los acompañantes, ayudantes, colaboradores o servidores del Dios de las nubes, que no era ni dios ni hombre, salió en defensa de su jefe y amigo, pero el Dios del mar lo golpeó con una roca, dejándolo moribundo y además sujeto a su poderío, porque lo convirtió en animal marino. Más a pesar del estado en que se encontraba, por fidelidad a su jefe, pudo sumergirse hasta el fondo del mar y alcanzarle al Dios de las nubes la mano que le faltaba.
 
En premio a su acción y aún cuando pertenecía a las huestes del Dios del mar, se le permitió que tuviera cuerpo y cabeza de animal terrestre, que se alimentara de pescado y de piedras y que muriera fuera de as aguas.
 
Desde entonces el lobo marino tuvo cabeza de perro y cuerpo de chancho, se alimentó de peces y de piedras y cuando ya presentía su fin, salía del mar, para ir a morir en alguna roca escarpada de la costa o en la mullida arena de la playa.
 
 
(Relato, en su niñez, al autor, por un viejo pescador del puerto de San José.)
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