Peru, Narrativas, Leyendas, Mitos, Religion

La Huamantanga Templo de las Aguas

Fue el sitio denominado hoy la Huamantanga, que se encuentra situado entre los pueblos de Lambayeque, Ferreñafe y Mochumí, Santuario, palacio y observatorio, dedicado a los dioses de las aguas, allá, en la lejana época, cuando se encontraba en pleno florecimiento la civilización yunga.
Como santuario, en él se realizaban las diversas prácticas propiciatorias, que tendrían a obtener copiosas lluvias, en las épocas más convenientes; como palacio, servía de oficina administrativa, para el mejor aprovechamiento y distribución de las aguas y como observatorio, en sus terrazas se ejecutaban los cálculos y observaciones meteorológicas, que deberían predecir las lluvias, las sequías y las diferentes variaciones climatológicas.
En cada noche de plenilunio se realizaban las pruebas mágicas, las prácticas secretas y los cálculos ocultos. A través de las edades y sin interrupción ninguna, estos hechos se venían realizando ordenada y constantemente, con los más halagadores resultados agrícolas y sujetos a la más rigurosa exactitud. Nada había turbado la tranquila vida del lugar. Los sacerdotes, los empleados y los científicos deslizaban su vida normal y uniforme. Nadie que no fuera de estas tres categorías, cualquiera que fuese su sexo, edad, condición o clase social, podía penetrar dentro de los límites del palacio de la Huamantanga.
Sin embargo, una noche del rito, los ejecutantes de las ceremonias fueron presa de un invencible sopor, que les impidió desempeñar sus diferentes roles. Sin explicarse cómo había sucedido, al despertarse, encontraron que la más completa revolución y el desorden más absoluto reinaba en todos los lugares del palacio, y en medio de todos ellos se hallaba una bella mujer, mejor dicho una rara visión, puesto que se trataba de una especie de rayo de Luna, de forma femenina, enteramente diferente a las de su raza y sin tener semejanza ninguna con las de los pueblos cercanos y conocidos; visión fugitiva que desapareció lentamente y que había sido observada con el natural pavor y la innata curiosidad de los presentes.
Como una prueba real, tangible y evidente de la presencia de aquel extraño ser, se encontraron siete hilos de oro, con aspecto de cabellos femeninos, que habían sido colocados, uno en cada una de las siete vasijas de la chicha sagrada, y entonces se vinieron a dar cuenta, los habitantes del santuario, que habían consumido la chicha fermentada y no la recientemente preparada.
Y exactamente a los siete días de aquel extraño fenómeno, las lluvias y las inundaciones destruyeron el templo y arrasaron los campos, perdiéndose las cosechas y ahogándose los animales, porque aquella visión había sido el aviso simbólico del fin de la antigua civilización y el anuncio profético del establecimiento de la de los hombres de cabellos como hilos de oro. 
 
(Recogido del Ambiente Popular, por diversos Conductos)
Visto 190 veces