Peru, Narrativas, Leyendas, Mitos, Religion
Jueves, 13 Julio 2017 15:06

La Iguana que Destronó a la Luna

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Félam se llamó antiguamente e pueblo de Mórrope, el cual existía desde antes de la conquista española y antes también que los Incas subyugaran al Gran Chimú.
En tiempos del Inca Yupanqui “se retiraron las nubes muchos meses, que sobrevino a Félam una gran epidemia, infructífera la tierra y secos los montes”, dice le curioso y detallado manuscrito del cura de Mórrope, licenciado don Justo Modesto Rubiños y de Andrade.
Debido a esta sequía, los de Félam decidieron abandonar esas tierras e irse a residir al cercano pueblo de Pacora, y lo hubiera hecho sino se produce el siguiente acontecimiento, que cambió sustancialmente la vida y la ubicación del pueblo de Félam. Tres chicos se hallaban jugando hacia el oriente de aquel pueblo primitivo; concentrándose a perseguir a una iguana, la cual se escondió en la tierra. Los chicuelos, por seguirla, comenzaron a ampliar la entrada por donde había aquel animal, pero en lugar de encontrar a la iguana encontraron agua. Al aviso que dieron a sus padres, el pueblo en pleno se constituyó en el sitio y trabajando todos fue aumentando el tamaño de aquella brecha, hasta que saltó un chorro de agua dulce y cristalina. En ese mismo sitio se cavó, después,un pozo el cual durante muchos años ha venido sirviendo para todos los usos y que se encuentra en la inmediaciones del pueblo de Mórrope, a donde se trasladó el antigua pueblo de Félam.
Este hecho dio motivo para que se formara, del propio barro de aquel pozo, una enorme iguana, la cual fue colocada en el adoratorio público, como señal de agradecimiento y de respeto, desterrando a la Luna , que ocupaba ese lugar, y , además en prueba de profunda devoción y supremo agradecimiento, como singo de gratitud y de solemnidad, se procedió al sacrificio de los tres inocentes chicuelos, descubridores del pozo y del agua.
A este pozo le dieron por nombre Murrup, que en lengua mochica significa iguana y que después se convirtió en Mórrope actual. Así, pues, Félam, que quiere decir sentarse a descansar, porque en ese lugar se detenían los traficantes y que es actualmente conocido con el nombre de El Paraje, situado entre Sechura y Mórrope, fue el primitivo asiento de este último pueblo.
Se señala la fecundación de Félam hacia el año de 1125, en que el cacique Culloc – Capac vino del Cuzco, fundando el pueblo de pacora, haciendo del Félam antiguo su “guaranga” o sea su anexo.
Ambos animales habían sido importantes sacerdotes del culto solar. Cuando se realizo la conquista, la ardilla, temerosa y creyente se convirtió al cristianismo y el carbunclo, constante y valiente, continuo en su fe primitiva.
Ante tal situación, abiertamente opuesta, una misma ley no podía ser aplicada a los dos, al mismo tiempo, en casos tan contrarios. Por eso el Sol, siempre justiciero, dicto su sentencia convirtiendo a los dos sacerdotes en dos animales diferentes, con las siguientes características.
A la ardilla le dio por atributo la vivacidad y la curiosidad; la hizo de un color semejante al de la tierra y quiso que en forma casi grafica remedara el acto de persignarse; que se volviera domesticable y que viviera en contacto con los hombres, por sugestionable, por haber aceptado las cosas de los hombres y seguir las mismas ideas de éstos.
En cambio, al carbunclo, le dio la fuerza de lo invisible, de lo no corpóreo, de lo ideal; le concedió como máximo atributo el que caminara de noche, solamente, es decir, cuando falta la luz del Sol, como para que le sirviera de reemplazo y como prueba de su devoto respeto por su culto; que ostentara, sobre su lomo un Sol en miniatura, con luz propia y que fuera su color enteramente negro, para que se notara más su refulgencia. Todo esto por haber permanecido firma constante en su culto primitivo.
Por ello la ardilla hace el ademán ridículo de persignarse tienen color de tierra y es fácilmente domesticable, mientras que al carbunclo no se le puede ver de día, es de color negro, jamás ha sido domesticado y alumbra por las noches.
Jueves, 13 Julio 2017 15:01

Leyenda del Aguila Imperial

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A pocas leguas del pueblo de Oyotún, ya en término de los ramales de la cordillera, en la planicie occidental del fecundo valle de saña, existe un águila bicéfala, altanera y enorme, mirando al poniente. Es de gran altura y se divisa desde algunas leguas del referido valle. Se trata, en realidad, de un mayestático y colosal monumentos antiquísimo de piedra, no se sabe si obra de la Naturaleza o de los primitivos moradores de la comarca, pero el precioso tesoro monumental existe.
La leyenda que encierra ese monumento de granito es ésta. Poco antes del establecimiento del Imperio Incaico, antes también de que los soberanos peruanos ostentaran la “mascaipacha” o símbolo de su autoridad real y la borla, cuando aun se adoraba a los ríos, las iguanas y los árboles, aun águila enorme recorrió las costas del antiguo Perú, buscando donde reposar. Todos los volátiles, temerosos se escondieron, el cielo no fue surcado por animal alguno, todos los nidos estaban ocupados y solo el águila bicéfala revoloteaba alrededor de los ceros y de las alturas mirando constantemente al Sol. Ya al caer de la tarde y por mirar la luz de aquel astro se dirigió hacia él, para buscarlo y para seguirlo, pero en ese preciso instante se produjo un eclipse total de Sol, que perturbó al águila, la cual creyendo que era la noche eterna, se posó sobre la parta más alta de un cerro, que desde entonces lleva el nombre de Cerro del Águila.
Aquí la leyenda encuentra como símbolo, la muerte de las viejas devociones y de las antiguas creencias; el triunfo del mito solar y de su culto y el establecimiento, en el Perú de la dinastía de los Incas.
Jueves, 13 Julio 2017 15:00

Guatan, Dios de los Vientos

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Nos cuenta esta leyenda que Acallanga, un sembrador mochica, se encontraba junto a un ídolo, cercano a la huaca de su pueblo, Salas, implorando a Guatán, Dios de los vientos y de las tempestades, que cesara en su furor, ya que le estaba destruyendo sus sementeras de maíz en choclo, y le decía:
“Padre de los vientos, Señor de los aires, dueño de las nubes y la tempestad, dame con tu ayuda la tranquilidad; que si tú eres bueno, cesando mi mal, te haré una “allecpunga”, con mis propias manos y el maíz dorado no te faltará”
Y llegando al Cielo su plegaria ingenua cesaron los vientos y la tempestad, y el maíz de verde se tornó dorado, y volvió la calma y la majestad. Nadie había escuchado aquel soliloquio y Acallanga, el indio mochica, creyendo a Guatán que hubiera perdido el don de escuchar, se olvido del voto, recogió sus choclos y jamás el ídolo que había prometido, ni el grano dorado, le dio al Dios Guatán.
Y pasó una siembra y volvió a un más y de nuevo el indio pudo cosechar, pero en vez de choclos, maíz y pancal, encontró a su campo que 4staba repleto de dioses Guatán. Eran muchas piedras, ídolos por miles, que se repartían por todo el maizal y por cada planta de su sementera, que el había cuidado, por toda cosecha, halló al Dios Guatán.
Allí, en ese campo, y desde aquel día, imperó la lluvia con el ventarrón, la escarcha, los vientos, la helada, el granizo, silente, constante, brotan de cada ídolo de ese Dios Guatán. Y Acallanga, el indio mochica informal, se haya convertido en piedra del mal. Sentado a la entrada de su antiguo campo un desfiladero de la serranía con las manos juntas ocultas en su cara, prueba del dolor, y la espanta el hecho de ver a su campo que fue un tiempo ubérrimo, convertido todo en piedras Guatán.
Y allá en los desfiladeros de las serranías de Salas, Penacho, Incahuasi, Colaya y Cañaris, límites de Lambayeque, existen verdaderos campos, que semejan un hombre sentado, en actitud de orar, que según esta leyenda son otros tantos indios Acallangas, convertidos en piedras por el Dios Guatán, para perpetuar el hecho y recordar el castigo.
Jueves, 13 Julio 2017 14:59

Los Pájaros: Hojas que Vuelan

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Guatán, Dios de los vientos y de las tempestades dominaba en la Tierra ; sus órdenes eran irrevocables; nadie controlaba sus acciones ni entorpecía sus mandatos; los vientos imperaban en el planeta.
El Dios del mar. Ni, que veía diariamente sucia la superficie de sus límpidas aguas por las tierras que levantaba el Dios Guatán, protestó ante su Dios y Padre, el Sol, por este hecho, que no le permitía hacer de su mar el espejo y el reflejo del Cielo, y ambos, Guatán y Ni, presentaron sus demandas y reclamaciones al Tribunal Supremo de su Padre.
Como quiera que la decisiva justicia del Sol se demorara demasiado, el Dios Ni comenzó a emplear las mismas artes y los mismos métodos de Guatán, Dios de los vientos, y cuando este dirigía sus fuerzas sobre el mar, el Dios Ni, para que no fueran ensuciadas sus aguas.
Entre lo que era aventado y soplado por uno y otro Dios se encontraban las hojas de los árboles, las cuales debido a que se hallaban bajo la influencia de fuerzas iguales en potencia y contrarias en acción, se quedaron volando en el espacio, sin reposar en la Tierra ni en el Mar y así estarán surcando los espacios infinitos, llevadas por la fuerza de esos dioses, hasta que el padre de ambos resuelva la contienda, dando su sentencia definitiva que otorgue a uno de aquellos dioses un derecho eterno. Pero como ambos son sus hijos y el padre se resiste a dar una sentencia con desmedro de uno de ellos, aquella sentencia no será pronunciada jamás.
Y mientras tanto las hojas seguirán volando, pero convertidas en pájaros, con los siguientes atributos de las plantas: las alas son las hojas; los colores son las flores; las patas y el pico son las ramas y el cuerpo es el tronco.
De aquí que esta leyenda establece que los pájaros son hojas que vuelan.
Jueves, 13 Julio 2017 14:55

La Confesión de Naylamp

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Naylamp estaba enfermo. Enfermo de tristeza, porque la lluvia benéfica se había retirado de los cielos y hombres, animales y sementeras se morían de sed.

El jefe mochica ordenó que todos los habitantes pidieran a las huacas su ayuda y que lloraran impetrando el favor de las estrellas, que ofrecieran a aquellas sacrificios de sebo, coca, harina de maíz y chicha, privándose hombres, mujeres y niños de comer sal y ají, y a las estrellas que les dieran el sacrificio de sus lágrimas.

El mismo jefe mandó poder sus ropas repartidas por todos los caminos que conducían a las dos huacas principales, su templo y su palacio, que eran las huacas Chotuna y Sioternic, para que esparciéndose el mal entre los caminantes y los vientos, desapareciera su enfermedad. Luego se bañó en un pozo artificial, que contenía chicha en lugar de agua, contrariando la fórmula del ritual que ordenaba hacerlo en los ríos y lagunas, para que el agua se llevara la enfermedad o el pecado y en el lugar de la abstinencia de sal y ají, decretada por él mismo, consumió ambos condimentos.

Por lo tanto, el permaneció mudo ante súplicas de sacrificios, las tierras entecas y los hombres y los animales siempre sedientos.

Para mayor castigo y sarcasmo, en el propio momento de la realización de estos actos, apareció en el lejano horizonte un arco- iris y Naylamp, contrariando la tradición, que establecía que aquel se señalara al arco- iris moriría de sed, llevado por la esperanza e impulsado por su autoridad señaló hacia aquel lado.

Honda fue la conmoción interna que experimentó la concurrencia por aquel acto inusitado de su jefe, que faltaba el respeto al Cielo, contrariaba las leyes eternas y truncaba las tradiciones de la raza, todo lo cual podía considerarse como un pecado de muerte.

Solo había una manera de evitar el fin inmediato del héroe y la desgracia del pueblo, y era el de la confesión pública que debiera hacer el mismo soberano, dentro del agua de un río. A falta de este, el jefe mochica y todo su pueblo se dirigen hacia el mar de San José, y en la propia orilla, levantando los brazos y bajando la cabeza confesó sus pecados, e introduciéndose en el mar dijo: “ya he dicho mis pecados al Cielo, recíbelos tú mar y llévalos para que nunca más aparezcan”.

Y sólo así por la propia confesión pública se aplacó la cólera divina y llovió y brotaron las simientes y los animales, los hombres, las mujeres y los niños apagaron a sed.

Con todo, el quebrantamiento de algunas fórmulas rituales conllevaba la muerte. Por eso al poco tiempo, Naylamp, se enterraba vivo, con su propia efigie, hecha de una sola piedra de esmeralda, ene el fondo de la Huaca Chotuna , y en ella se dejó morir de hambre y de sed, para aplacar la cólera del Cielo y hacer justicia a las tradiciones propias de su raza.

La capullana de Lambayeque Susa Cuinti, viuda de Pucar Taita, tenía dos hijas cuando Pizarro llegó a sus dominios el 26 de octubre de 1532; la mayor se llamaba Anya Cusa y la menor, impúber aún Cusi Chunca.
Susa Cunti, la madre, invitó a los españoles, el cual tuvo lugar en el palacio de la Capullana , en las inmediaciones de la Huaca Sioternic , conocida hoy con el nombre de Huaca de la Cruz , lugar en la actualidad pertenece a la hacienda Bodegones.
En aquel tiempo la ciudad de Lambayeque se encontraba situada más hacia el oeste del lugar que hoy ocupa y a distancia de una lengua del actual río de nombre.
Entre los participantes hispanos se encontraban, además de Pizarro, Alonso de Molina, Nicolás de Rivera, Francisco de Cuellar, Domingo de Soraluce, uno de los trece de la Isla del Gallo, Juan Barbarán, que con el tiempo sería encomendero de Lambayeque, quien tuvo parte en el rescate de Atahualpa, Bocanegra y Pedro de Alcón, el más joven, el más impetuoso y el de mejor talante.
La Capullana había dispuesto que sus mejores bailarinas entretuvieran a sus huéspedes, contando entre las principales a Nanca Paya, Ini Ranta, Sucha Maifar, Anta Cocras y Llana suma; que sus mejores hombres les sirvieran, habiendo designado especialmente a Hurma Cunto, Cuyo Huasi, Punga Tucta, cusi Rampa y rondo Cupas. Hacía de “ichuri” adivino o confesor, Pacar Anta y Runa Cumbi, desempeñaba las funciones de escanciador principal.
Pizarro y los suyos ingresaron al palacio de la capullna entre una doble hilera de parejas, que portaban en sus manos ramas verdes y espigas de maíz, saludando con gritos entusiastas y ademanes expresivos. La capullana se sentó junto a Pizarro y cuidó que Alcón, el guerrero preferido, fuese situado entre sus dos hijas.
Los demás concurrentes, españoles y nativos se colocaron en forma desordenada y libre.
El agasajo consistió en papas, mote, charqui, pescado, chirimoyas, mangos y chica de quinua y de maíz.
Las mujeres vestían así: camisa o “unca” de algodón, túnica o “amaco” de color amarilo y manto o “lliclla”, que estaba prendido por delante con un alfiler de oro o “tupu” y sostenido con una faja o “chumpi” de lana de vicuña, de diversos colores. La cabeza estaba adornada con una cinta circular de color azul, llamada “huincha” y el cuello les colgaba la “timpunga” o medallón, que hacía el oficio de amuleto. Los hombres vestían camiseta y calzón corto, de algodón y poncho de lana de vicuña. Hombres y mujeres se encontraban sin sombrero y tampoco llevaban calzado alguno.
Los españoles se adornaron, para el banquete, con escofión dorado, gorra y medallas, jubón de terciopelo, calzas negras y espada y puñal al cinto.
Las “chirimías” y las cajas acompañaban el danzar de las bailarinas y los yaraví de los cantores.
Tal es la visión de la fiesta, pero escuchemos ahora lo que nos cuenta la leyenda.
Susa Cunti, la capullana madre, sabía que la virgen Cavallaca había sido fecundada, impúber aún, de una manera misteriosa, por el Dios Cuniraya, según una vieja leyenda de los indios caribes, quienes por haber sido antiguos navegantes dieron a ese Dios las prerrogativas del Señor del Mar. Susa Cunti, creyó que habiendo llegado los castellanos por el mar, deberían tener estrechas relaciones con el Dios Coniraya, y como Cusi Chunca era niña aún concibió la idea de hacerle ese agasajo al nuevo Dios, en quien veía al apuesto castellano Alcón, para que se efectuara la fecundación portentosa.
Sin embargo, Alcón puso los ojos y los deseos en Anya Cusa, la mayor, en vez de cumplir con la leyenda de Dios del Mar, que ignoraba en absoluto, y resolvió quedarse en Lambayeque, que habiendo perdido el juicio cuando Pizarro se lo prohibió, llegando hasta insultar y pelear con sus compañeros y su propio jefe, considerándose señor y dueño de aquellas nuevas tierras, aunque en realida su locura se debía a las diferentes composiciones que a base de “ornamo”, “datura” y “huanarpo” le había hecho dar la capullana, a fin de hacer efectivo e impostergable el milagro.
Pero como quiera que aquel milagro de la fecundación misteriosa, tan esperado, se realizó, no en Cusi Chunca, la pequeña, sino en Anya Cusa, la mayor, la capullana madre hizo que el “huatac” o adivino consultara con los “sonopas” o ídolos particulares; que fueran realizados los ritos de estilo, como era la interpretación de los ensueños; arrojar hojas de coca al aire y estudiar su caída; examinar el andar de las arañas; la situación de Venus y el sonar de los granos de maíz al ser cocidos. La conclusión fue desastrosas: el Dios blanco no era dios, puesto que había fecundado a la mayor y no a la impúber y por lo tanto no merecía ni consideración, ni respeto, ni temor.
Y el veredicto fue terrible; cuando nació el primer mestizo del Perú, la madre y el fruto fueron enterrados vivos en la cámara secreta del templo de Chot.
Y una vez al año, en el aniversario de la muerte, se escuchaban chillidos y gemidos, interpretándose éstos como los dolores del alumbramiento de la madre y aquellos como el llanto de hombre del pequeño.
Jueves, 13 Julio 2017 14:48

El Mito de Naylamp y la Estatua de Esmeralda

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Naylamp, fundador de Lambayeque y su primer soberano desembarcó, en época desconocida, viviendo probablemente de Cerro América, en la desembocadura del actual río de Lambayeque, llamado antiguamente Fusquisllanga. A cosa de una legua de este lugar construyó su primer templo, llamado Chot, que es actualmente la Huaca Chotuna , situada en las inmediaciones del sitio que es hoy conocido con el nombre de Lambayeque Viejo, en lo que ahora es terreno de la hacienda Bodegones.
 
El gurrero trajo consigo y colocó en el mencionado templo un ídolo que representaba la imagen del jefe, hecho de una sola piedra verde, que la leyenda ve como esmeralda, a la cual llamaban Yampallec, que quiere decir estatua o efigie de Naylamp, porque en realidad tenía el aspecto, tamaño y atributos de aquel guerrero.
 
El mito establece que Naylamp, a fin de que se siguiera creyendo en su existencia y en su poder divino, se enterró en la Huaca Chotuna , junto con su propia efigie. Quiso de esta manera, el jefe mochica, que su recuerdo no desapareciera, suponiendo que la estatua de esmeralda le daría la oportunidad de continuar gobernando a su pueblo y que por este medio se vivificaría eternamente su memoria.
Poco después de su muerte, sus numerosos descendientes, para hacer creer a los súbditos que el soberano era inmortal, aparecieron las voces que él, por su propia voluntad, se había dado alas y elevándose al cielo, continuaba normalmente su gobierno, convirtiéndose así, como en todas las mitologías, de hombre en semi- dios. Con el fin de hacer aún más real esta creencia, que viene a ser el primer secreto de Estado en la historia de las tierras yungas, los familiares de Naylamp se repartieron por todas direcciones, con el objeto, según dijeron, de buscar el cuerpo de su jefe desaparecido tan misteriosamente.
La leyenda dice que actualmente, todas las noches, a las doce e punto, se oye el canto raro estridente de un gallo, se dejar oir una música especial, como si fueran trompetas y se ve una deslumbrante fogata de color verde, en la parte más alta de la Huaca. Es la leyenda del gallo encantado, la campana de oro y el cerro que arde, la cual se descompone así: el gallo llama a los hombres a la guerra, es el clarín del combate; las trompetas anuncian el final de la batalla, es el triunfo y el resplandor verde proclama la hazaña del gurrero, puesto que el propio Naylamp, dentro de la estatua de esmeralda que alumbra, con el poder del héroe, todos los contornos como tea que simboliza su conquista, para orientarlos en la lucha y para perpetuar el recuerdo de su gloria.
El hijo mayor de Naylamp, Cium, siguiendo la tradición real se encerró en el subterráneo de la Huaca Chotuna y conservando el ídolo de su padre al lado se dejo morir de hambre, no sólo para ocultar su muerte al pueblo, sino también para hacer creer que su raza era inmortal.
Entre los sucesores directos de Naylamp llegamos al último de los de las dinastías, a Tempellec, en quien termina definitivamente la sucesión debido al hecho siguiente. Tempellec, siendo el duodécimo descendiente, en línea directa, pretendió variar el lugar de ocupación del ídolo, que se venía venerando en la Huaca Chotuna o templo de Chot y lo trasladó a la Huaca de Sioternic, que se llama ahora Huaca de la Cruz , y que desempeñaba las funciones de palacio, ya que Naylamp había separado formalmente la política de la religión.
Tempellec, al realizar tal hecho, rompió la tradición dinástica y mutiló la leyenda heroica. Poco después de su realización recibió un insólito aviso, pues se le apareció el demonio, bajo la forma de una bella mujer, tratando de seducirlo y de calmar sus temores y recelos, y una vez que se hubo consumado el atentado sobrevino el castigo y la desgracia. En efecto, comenzó a llover ininterrumpidamente, por espacio de una Luna, lo que trajo como consecuencia la inundación de las ciudades, la destrucción de los caminos, las pérdidas de las cosechas, la muerte de los animales y la huida de los hombres, a lo que naturalmente siguió un año de la más completa esterilidad, sequía y hambruna. Todo era desolación, miseria y desgracia y sobre el primitivo Estado mochica cayó la cólera del cielo.
Los sacerdotes del templo de Chot, guardadores de la religiosa, y los gurreros, habitantes del palacio de sioternic, cuidadores de la tradición política, considerando que el soberano Tempellec, debido a su comercio carnal con el demonio y al hecho de haber roto la costumbre, quebrantado la fe y desobedecido la ley, era el responsable directo del desastre que había caído sobre el pueblo, se sublevaron contra su autoridad y atándole de pies y manos y en procesión pública, lo arrojaron al mar.
Y así trágicamente, terminó la dinastía de Naylamp, fundador y primer soberano de Lambayeque, a pesar de los ruegos de Tempellec a Xllang, el Dios – Sol de la mitología mochica.
Jueves, 13 Julio 2017 14:46

Los Malignos Hijos del Trueno

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Son hijos del trueno los nacidos en un día de tempestad .para los antiguos mochicas las tempestades estaban dirigidas por un dios del Cielo, quien provisto de una honda u de una porra producía aquellos ruidos ensordecedores, para llamar la atención de los hombres anunciándoles, su poder, que llegaría a ellos convertido en lluvia.
Los hijos del trueno, llamados a la vida en condiciones tan particulares, estaban dedicados, desde ese momento a la hechicería. Mejor dicho nacían brujos, adivinos, curanderos, magos o hechiceros, y eran los funcionarios públicos que ejercían dichas actividades.
Estos empleados del Estado mochica , para efectuar sus hazañas se encerraban enteramente solos en una habitación especial , se untaban con sebo de culebra todo el cuerpo y bebían de un cocimiento hecho o preparado a base de chicha de maíz con yerbas especiales que contenía ,además , coca , pelos de cuy amarillo y cabellos de persona . Durante todo el día se embriagaban con este brebaje y perdiendo la razón se tornaban en clarividentes prediciendo el porvenir, viendo lo que sucedía a muchas leguas de distancia, desdoblando su personalidad, para comunicar los sucesos futuros, adversos o prósperos.
Con la conquista se estableció una porfiada lucha entre los sacerdotes católicos y los hechiceros peruanos .para aquellos estos eran malignos, los gentiles, los relacionados o empatados con el diablo y para los nativos los insulares personificaban el mal
Uno de los últimos ejemplares se estos hijos del trueno, gentiles o malignos se ubico en la hacienda bodegones en una cueva del antiguo templo incaico que se conoce aun con el nombre de los paderones o paredones, lugar situado a la vera del camino que une la caleta San José con la ciudad de Lambayeque.
Este extraño ser se alimenta de reses, sapos, culebras, ardillas y hasta de carne humana, lo que se vino a deducir por haberse encontrado asesinado y mordido, precisamente a la entrada de la cueva, al lambayecano don Pedro Lamadrid.
Este maligno ser asaltaba a todos los que transitan entre ambos lugares, Lambayeque y san José, sin robarles su mercadería ,consistente en pescado y sal, contentándose con abusar y asustar a las mujeres y con maltratar a los hombres que las acompañaban, quienes eran oriundos de dicha caleta.
Tal cosa les sucedió a la Pota , la Galletera , la Gringa y la Úrsula y a sus maridos, cuando pasaron por el sitio de la cueva ya mencionada.
Este milagro o gentil hijo del trueno, tenía aspecto de hombre, pero debido a su ligereza y agilidad, la fantasía popular y el miedo, le habían visto las piernas de venado y brazos de perro. La barba rala, hirsuta, el cabello desgreñado, la mirada dura y un particular olor a macho cabrío fueron los atributos que hicieron considerable como el propio demonio.
Fueron tantos tan vividos y tan seguidos los relatos y los comentarios de aquellos asaltos que la Iglesia tomo parte en la cruzada, después de que los más valientes habían pretendido victimar al maligno, sin conseguirlo, porque no se dejaba ver. Al efecto se constituyó en el sitio ya conocido, el cura de Lambayeque, y luego de las fórmulas de estilo, de hacer las rogativas, sacrificios y exorcismos aconsejados por lo ritos, fue tapiada la entrada de la cueva, colocándose una cruz en ese lugar con lo cual, el maligno, el gentil, el hijo del trueno quedo eternamente sepultado, terminando de esta manera su acción maléfica sobre las gentes.
Sin embargo aseguran actualmente los mas supersticiosos o los mas temerosos que cada vez que se oye retumbar el trueno, se escuchan desaforados gritos que parten de la cueva, siendo interpretados como las desesperadas llamadas que hace el hijo del trueno de su padre, para que lo libere de su prisión; pero como ambos, padre e hijo se encuentran controlados por la enérgica y decisiva acción de la cruz se declara impotentes y renuncian a la empresa de la liberación.
Y el hijo del trueno el maligno, el gentil no volverá a ejercitar sus perversas acciones hasta que la influencia de la cruz desaparezca totalmente de aquellas regiones, puesto que ella simboliza la conquista y el vasallaje.
Jueves, 13 Julio 2017 14:45

Leyenda de las Tierras Yungas o Tierras Calientes

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En la costa norte del Perú fue deslumbrante por su riqueza, su cerámica y su agricultura la civilización llamada de los yungas .estas tierras se caracterizaron por lo caluroso y saludable de su clima, por sus arenosas llanuras y por sus soles ardientes.
El porqué estas tierras son y serán siempre calientes lo explica la siguiente leyenda, que literalmente dice:
El Padre Sol, personificado en un anciano alto y venerable, visitaba periódicamente a los hombres de las altas costas peruanas del norte, para atender a sus necesidades, observar su vida, vigilar el cumplimiento de sus mandatos y atender personalmente las quejas y reclamos, imponiendo las penas y otorgando las recompensas correspondientes. En una palabra, Dios se ponía en contacto directo con los hombres. Pero sucedía que cada vez que en la tierra de los yungas se personificaba el Sol, este no otorgaba su calor sobre las tierras, que no producían, los frutos se helaban, los pastos se secaban y los animales y los hombres se morían, puesto que el Sol dejaba de ser astro, para convertirse en hombre
En aquellos remotos tiempos los hombres los Cielos, tenían relaciones frecuentes de intimidad y se comunicaban mutuamente sus deseos y sus necesidades, siendo de esta manera, los Dioses semi-hombres y los hombres casi Dioses
Por la pérdidas sufridas ,los habitantes de estas regiones ,que corresponden a las costas de los departamentos de Piura ,Lambayeque y libertad ,se quejaron ante su Dios , el Padre Sol , interpretando esta queja como un desacato a su autoridad ,como una rebeldía filial y como un olvido su respeto ,les dijo:
“Pues bien, no dejare nunca más de calentar vuestras tierras, nunca más hará frio en ellas y serán eternamente las tierras calientes; pero nuca mas bajaran tampoco a visitar a sus habitantes “.
Y desde entonces son y se llaman las tierras yungas o tierras calientes y desde entonces ni el Sol, ni ninguno de los Dioses ha vuelto a dejar su mansión celeste para visitar a los hombres.
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