Peru, Narrativas, Leyendas, Mitos, Religion
Martes, 24 Octubre 2017 18:06

La Tortuga

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En un festín de los dioses hizo falta la comida y no era fácil ni inmediato el conseguirla.
 
La tortuga, antiguo dios, participante de la fiesta, se había encargado de preparar el festín y sobre ella recayó, naturalmente, la abierta censura y la responsabilidad íntegra. Todos los dioses se dirigieron a ella pidiéndole explicaciones y alimentos, pero ni unos ni otros pudieron ser ofrecidos.
 
La honda crítica de los dioses y la profunda desesperación de la tortuga hicieron que ésta se sacrificara a sí misma, en aras al hambre de sus congéneres del Cielo, y por un acto de magia inmediato y supremo, ya convertida de Dios en animal, se dejó comer. Mas, para que todos los dioses pudieran disfrutar de su alimento predilecto, hizo que su carne fuera igual a la de varios animales, lista para ser comida y para los diferentes gustos de cada uno de los dioses.
 
Por eso la leyenda encuentra aquí explicada la razón por la cual la carne de la tortuga es de diferentes aspectos, colores y sabores, puesto que su carne está formada por las de gallina, de cerdo y de pescado.
 
Los dioses asistentes a la fiesta, para no sufrir otra vez, en algún nuevo banquete, las molestias del hambre y la demora, y para castigarla, la desterraron del Cielo; diéronle por atributo la pereza, remedo de su imprevisión; hicieron que pudiera estarse sin comer mucho tiempo, para que recordara la falta cometida y a fin de que no fuera codiciada su carne, en algún otro banquete de los dioses, le pusieron sobre esa misma carne una coraza del todo invulnerable.
 
Sin embargo, no pudieron olvidar su sacrificio en beneficio de ellos y por esto le permitieron que siguiera dando las mismas carnes diferentes que les había ofrecido a ellos, en su mágico festín, realizando el milagro, por haber sido dios, de poseer la carne del animal que vuela, del animal que corre y del animal que nada, símbolo de los tres elementos que se hallan sobre la superficie de la tierra: aire, tierra y agua.
 
(Relatado por el señor Bernardino Olazábal).
Martes, 24 Octubre 2017 18:05

Leyenda del Yucal

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El Dios Viracocha recorría las tierras yungas, después de una cacería muy accidentada y muy larga, en la cual habían intervenido muchos de sus congéneres celestiales, y tuvo hambre. 
 
Hasta entonces el fruto de la yuca se producía en las mismas ramas del arbusto, y por lo mismo era de fácil acceso y no se requería, para tomarlo, destruir a la planta.
 
El Dios Viracocha, para aplacar el hambre, penetrando en un yucal, pretendió coger algunos de los frutos más grandes y sabrosos, pero éstos, impulsados por el egoísmo y no reconociendo al Dios, por la falta del Sol y por su indumentaria y por el aspecto de cansancio que tenía, se desprendieron de las ramas y resbalándose por el tronco se internaron en la tierra, negándose así, y en señal de protesta, a satisfacer las necesidades del buen Dios.
 
Y se produjo la maldición, que dijo:
 
“Si te rebelas contra tu Dios, desde hoy y nunca más servirás para nuestro alimento. Los hombres y los animales te disfrutarán, pero a condición de destruirte.
 
Tú, tendrás por propia raíz el fruto que produzcas”.
 
Y fue desde ese día que para obtener el fruto de la yuca es preciso destruir al árbol que la produce.
 
 
(Relatado por el señor Moisés Ezcurra).
Martes, 24 Octubre 2017 18:04

El Carnicero, Hijo del Cielo

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El Sol era el pastor de los cielos y cuidaba de su rebaño de carneros, dioses como El, los cuales le servían para el alimento material y para el sacrificio espiritual, restándole periódicamente algunas de sus crías para emplearlas en aquellas preciosas necesidades.
 
Los hombres, ajenos a esos cuidados, no conocían a dichos animales, y se alimentaban y vestían enteramente de productos vegetales.
 
En un equinoccio de verano a, al pretender, el Sol, coger a uno de sus carneros celestes, se le escapó de las manos y por estar aquel astro muy cerca a la Tierra , el carnero cayó en ella.
 
Aquel carnero, como todos los de su especie estelar tenía en vez de lana vaporosas nubes de color anaranjado, pero por haber caído en un campo de algodón ya en bellota abierta tomó el color blanco de ese vestal, de donde tuvieron su origen todos los carneros blancos del mundo.
 
Una hermana del caído, por un acendrado amor fraternal, y por seguir a su hermano se precipitó voluntariamente a la Tierra , cayendo en un lugar gangoso de donde tomó un color parduzco su lana, originándose, por esto y para siempre los carneros de este color.
 
Desde aquella época los carneros se quedaron en la Tierra , macho y hembra y ofrecieron a los hombres su alimento y su lana; y el Sol, en previsión de nuevas deserciones o accidente, permitió que sus carneros del Cielo tuvieron aquella pareja de hermanos, macho y hembra, su representación genuina y a los restantes los alineó los juntó en todo el ámbito celeste, como si fueran un cinturón de espuma de dónde provino la Vía Láctea.
 
Y fue desde entonces que en todas las solemnidades ritualistas y en todas las festividades religiosas de importancia fueron sacrificados los carneros de ambos colores, tanto porque eran de origen solar, cuanto por imitar al Sol que hacía lo mismo, sacrificándolos.
 
Y fue el mismo Padre Sol el que autorizó a los hombres para que efectuaran eso sacrificios, para el diario sustento, diciéndoles: “Mirad cómo coméis de mis carneros, porque el que lo comiere en pecado y con dos voluntades y corazones. Yo, vuestro padre, lo veré y lo castigaré y pasará grandes trabajos; pero el que con voluntad única y entera lo comiere, Yo vuestro padre y la Luna y el Trueno, os lo gratificaremos y os daremos fuertes hijos felices años y tendréis mucha comida y todo lo demás que sea necesario, con toda prosperidad”.
 
 
 
(Relatado por la señor Tomás Ballester).

 

Martes, 24 Octubre 2017 18:03

El Venado: Aerolito Terrestre

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Ninguno de los bólidos celeste había caído en la Tierra. Ellos habían surcado las esferas estelares eternamente.
 
Cierta noche de plenilunio, ofrecía sus votos y sus sacrificios a los astros, Huita Cuma, sacerdote público.
 
Al elevar los brazos y bajar la cabeza un aerolito iluminó los contornos, dando tonos blanquecino – celestes al templo y al propio oficiante. Por tres veces, según el antiguo ritual, debería verificarse la vieja ceremonia, y por tres veces consecutivas el fenómeno celeste las acompañó con su frecuencia y con su luz.
 
El ceremonial había terminado, pero Huita Cuma, contrariando la ley y olvidando la tradición religiosa, la realizó de nuevo, pero invirtiendo la forma, esto es, que bajó los brazos y elevó la cabeza, mirando la estela luminosa que en el Cielo dejara el fenómeno y éste se vuelve a producir, pero esta vez el bólido se precipitó sobre el sacerdote destruyéndolo, así como el templo en que oficiaba, que se encontraba situado en las inmediaciones de Chongoyape.
 
Era el castigo que las leyes de los Cielos imponían a los hombres, ya que a éstos les estaba prohibido señalar o mirar siquiera al rayo, al arco iris, el relámpago y dicha ley no exceptuaba al aerolito.
 
Hasta entonces no había existido en nuestras tierras el venado, pero el bólido celeste y el sacerdote terreno se juntaron y de aquella conjunción se formó aquel animal, que tiene, como aerolito, las características de la velocidad, la belleza y la delicadeza.
 
Y así como los aerolitos atraviesan vertiginosamente los Cielos, los venados, sus contrapartes terrestres, cruzan velozmente las tierras, para avisar a los hombres que las leyes de las esferas son inmutables y eternas.
 
Y fue desde entonces que los aerolitos cayeron en la Tierra y que los venados se produjeron en ella.
 
 
 
(Relatado por la señora Incolaza Gonzáles)

 

Jueves, 13 Julio 2017 15:06

La Iguana que Destronó a la Luna

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Félam se llamó antiguamente e pueblo de Mórrope, el cual existía desde antes de la conquista española y antes también que los Incas subyugaran al Gran Chimú.
En tiempos del Inca Yupanqui “se retiraron las nubes muchos meses, que sobrevino a Félam una gran epidemia, infructífera la tierra y secos los montes”, dice le curioso y detallado manuscrito del cura de Mórrope, licenciado don Justo Modesto Rubiños y de Andrade.
Debido a esta sequía, los de Félam decidieron abandonar esas tierras e irse a residir al cercano pueblo de Pacora, y lo hubiera hecho sino se produce el siguiente acontecimiento, que cambió sustancialmente la vida y la ubicación del pueblo de Félam. Tres chicos se hallaban jugando hacia el oriente de aquel pueblo primitivo; concentrándose a perseguir a una iguana, la cual se escondió en la tierra. Los chicuelos, por seguirla, comenzaron a ampliar la entrada por donde había aquel animal, pero en lugar de encontrar a la iguana encontraron agua. Al aviso que dieron a sus padres, el pueblo en pleno se constituyó en el sitio y trabajando todos fue aumentando el tamaño de aquella brecha, hasta que saltó un chorro de agua dulce y cristalina. En ese mismo sitio se cavó, después,un pozo el cual durante muchos años ha venido sirviendo para todos los usos y que se encuentra en la inmediaciones del pueblo de Mórrope, a donde se trasladó el antigua pueblo de Félam.
Este hecho dio motivo para que se formara, del propio barro de aquel pozo, una enorme iguana, la cual fue colocada en el adoratorio público, como señal de agradecimiento y de respeto, desterrando a la Luna , que ocupaba ese lugar, y , además en prueba de profunda devoción y supremo agradecimiento, como singo de gratitud y de solemnidad, se procedió al sacrificio de los tres inocentes chicuelos, descubridores del pozo y del agua.
A este pozo le dieron por nombre Murrup, que en lengua mochica significa iguana y que después se convirtió en Mórrope actual. Así, pues, Félam, que quiere decir sentarse a descansar, porque en ese lugar se detenían los traficantes y que es actualmente conocido con el nombre de El Paraje, situado entre Sechura y Mórrope, fue el primitivo asiento de este último pueblo.
Se señala la fecundación de Félam hacia el año de 1125, en que el cacique Culloc – Capac vino del Cuzco, fundando el pueblo de pacora, haciendo del Félam antiguo su “guaranga” o sea su anexo.
Ambos animales habían sido importantes sacerdotes del culto solar. Cuando se realizo la conquista, la ardilla, temerosa y creyente se convirtió al cristianismo y el carbunclo, constante y valiente, continuo en su fe primitiva.
Ante tal situación, abiertamente opuesta, una misma ley no podía ser aplicada a los dos, al mismo tiempo, en casos tan contrarios. Por eso el Sol, siempre justiciero, dicto su sentencia convirtiendo a los dos sacerdotes en dos animales diferentes, con las siguientes características.
A la ardilla le dio por atributo la vivacidad y la curiosidad; la hizo de un color semejante al de la tierra y quiso que en forma casi grafica remedara el acto de persignarse; que se volviera domesticable y que viviera en contacto con los hombres, por sugestionable, por haber aceptado las cosas de los hombres y seguir las mismas ideas de éstos.
En cambio, al carbunclo, le dio la fuerza de lo invisible, de lo no corpóreo, de lo ideal; le concedió como máximo atributo el que caminara de noche, solamente, es decir, cuando falta la luz del Sol, como para que le sirviera de reemplazo y como prueba de su devoto respeto por su culto; que ostentara, sobre su lomo un Sol en miniatura, con luz propia y que fuera su color enteramente negro, para que se notara más su refulgencia. Todo esto por haber permanecido firma constante en su culto primitivo.
Por ello la ardilla hace el ademán ridículo de persignarse tienen color de tierra y es fácilmente domesticable, mientras que al carbunclo no se le puede ver de día, es de color negro, jamás ha sido domesticado y alumbra por las noches.
Jueves, 13 Julio 2017 15:01

Leyenda del Aguila Imperial

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A pocas leguas del pueblo de Oyotún, ya en término de los ramales de la cordillera, en la planicie occidental del fecundo valle de saña, existe un águila bicéfala, altanera y enorme, mirando al poniente. Es de gran altura y se divisa desde algunas leguas del referido valle. Se trata, en realidad, de un mayestático y colosal monumentos antiquísimo de piedra, no se sabe si obra de la Naturaleza o de los primitivos moradores de la comarca, pero el precioso tesoro monumental existe.
La leyenda que encierra ese monumento de granito es ésta. Poco antes del establecimiento del Imperio Incaico, antes también de que los soberanos peruanos ostentaran la “mascaipacha” o símbolo de su autoridad real y la borla, cuando aun se adoraba a los ríos, las iguanas y los árboles, aun águila enorme recorrió las costas del antiguo Perú, buscando donde reposar. Todos los volátiles, temerosos se escondieron, el cielo no fue surcado por animal alguno, todos los nidos estaban ocupados y solo el águila bicéfala revoloteaba alrededor de los ceros y de las alturas mirando constantemente al Sol. Ya al caer de la tarde y por mirar la luz de aquel astro se dirigió hacia él, para buscarlo y para seguirlo, pero en ese preciso instante se produjo un eclipse total de Sol, que perturbó al águila, la cual creyendo que era la noche eterna, se posó sobre la parta más alta de un cerro, que desde entonces lleva el nombre de Cerro del Águila.
Aquí la leyenda encuentra como símbolo, la muerte de las viejas devociones y de las antiguas creencias; el triunfo del mito solar y de su culto y el establecimiento, en el Perú de la dinastía de los Incas.
Jueves, 13 Julio 2017 15:00

Guatan, Dios de los Vientos

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Nos cuenta esta leyenda que Acallanga, un sembrador mochica, se encontraba junto a un ídolo, cercano a la huaca de su pueblo, Salas, implorando a Guatán, Dios de los vientos y de las tempestades, que cesara en su furor, ya que le estaba destruyendo sus sementeras de maíz en choclo, y le decía:
“Padre de los vientos, Señor de los aires, dueño de las nubes y la tempestad, dame con tu ayuda la tranquilidad; que si tú eres bueno, cesando mi mal, te haré una “allecpunga”, con mis propias manos y el maíz dorado no te faltará”
Y llegando al Cielo su plegaria ingenua cesaron los vientos y la tempestad, y el maíz de verde se tornó dorado, y volvió la calma y la majestad. Nadie había escuchado aquel soliloquio y Acallanga, el indio mochica, creyendo a Guatán que hubiera perdido el don de escuchar, se olvido del voto, recogió sus choclos y jamás el ídolo que había prometido, ni el grano dorado, le dio al Dios Guatán.
Y pasó una siembra y volvió a un más y de nuevo el indio pudo cosechar, pero en vez de choclos, maíz y pancal, encontró a su campo que 4staba repleto de dioses Guatán. Eran muchas piedras, ídolos por miles, que se repartían por todo el maizal y por cada planta de su sementera, que el había cuidado, por toda cosecha, halló al Dios Guatán.
Allí, en ese campo, y desde aquel día, imperó la lluvia con el ventarrón, la escarcha, los vientos, la helada, el granizo, silente, constante, brotan de cada ídolo de ese Dios Guatán. Y Acallanga, el indio mochica informal, se haya convertido en piedra del mal. Sentado a la entrada de su antiguo campo un desfiladero de la serranía con las manos juntas ocultas en su cara, prueba del dolor, y la espanta el hecho de ver a su campo que fue un tiempo ubérrimo, convertido todo en piedras Guatán.
Y allá en los desfiladeros de las serranías de Salas, Penacho, Incahuasi, Colaya y Cañaris, límites de Lambayeque, existen verdaderos campos, que semejan un hombre sentado, en actitud de orar, que según esta leyenda son otros tantos indios Acallangas, convertidos en piedras por el Dios Guatán, para perpetuar el hecho y recordar el castigo.
Jueves, 13 Julio 2017 14:59

Los Pájaros: Hojas que Vuelan

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Guatán, Dios de los vientos y de las tempestades dominaba en la Tierra ; sus órdenes eran irrevocables; nadie controlaba sus acciones ni entorpecía sus mandatos; los vientos imperaban en el planeta.
El Dios del mar. Ni, que veía diariamente sucia la superficie de sus límpidas aguas por las tierras que levantaba el Dios Guatán, protestó ante su Dios y Padre, el Sol, por este hecho, que no le permitía hacer de su mar el espejo y el reflejo del Cielo, y ambos, Guatán y Ni, presentaron sus demandas y reclamaciones al Tribunal Supremo de su Padre.
Como quiera que la decisiva justicia del Sol se demorara demasiado, el Dios Ni comenzó a emplear las mismas artes y los mismos métodos de Guatán, Dios de los vientos, y cuando este dirigía sus fuerzas sobre el mar, el Dios Ni, para que no fueran ensuciadas sus aguas.
Entre lo que era aventado y soplado por uno y otro Dios se encontraban las hojas de los árboles, las cuales debido a que se hallaban bajo la influencia de fuerzas iguales en potencia y contrarias en acción, se quedaron volando en el espacio, sin reposar en la Tierra ni en el Mar y así estarán surcando los espacios infinitos, llevadas por la fuerza de esos dioses, hasta que el padre de ambos resuelva la contienda, dando su sentencia definitiva que otorgue a uno de aquellos dioses un derecho eterno. Pero como ambos son sus hijos y el padre se resiste a dar una sentencia con desmedro de uno de ellos, aquella sentencia no será pronunciada jamás.
Y mientras tanto las hojas seguirán volando, pero convertidas en pájaros, con los siguientes atributos de las plantas: las alas son las hojas; los colores son las flores; las patas y el pico son las ramas y el cuerpo es el tronco.
De aquí que esta leyenda establece que los pájaros son hojas que vuelan.
Jueves, 13 Julio 2017 14:55

La Confesión de Naylamp

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Naylamp estaba enfermo. Enfermo de tristeza, porque la lluvia benéfica se había retirado de los cielos y hombres, animales y sementeras se morían de sed.

El jefe mochica ordenó que todos los habitantes pidieran a las huacas su ayuda y que lloraran impetrando el favor de las estrellas, que ofrecieran a aquellas sacrificios de sebo, coca, harina de maíz y chicha, privándose hombres, mujeres y niños de comer sal y ají, y a las estrellas que les dieran el sacrificio de sus lágrimas.

El mismo jefe mandó poder sus ropas repartidas por todos los caminos que conducían a las dos huacas principales, su templo y su palacio, que eran las huacas Chotuna y Sioternic, para que esparciéndose el mal entre los caminantes y los vientos, desapareciera su enfermedad. Luego se bañó en un pozo artificial, que contenía chicha en lugar de agua, contrariando la fórmula del ritual que ordenaba hacerlo en los ríos y lagunas, para que el agua se llevara la enfermedad o el pecado y en el lugar de la abstinencia de sal y ají, decretada por él mismo, consumió ambos condimentos.

Por lo tanto, el permaneció mudo ante súplicas de sacrificios, las tierras entecas y los hombres y los animales siempre sedientos.

Para mayor castigo y sarcasmo, en el propio momento de la realización de estos actos, apareció en el lejano horizonte un arco- iris y Naylamp, contrariando la tradición, que establecía que aquel se señalara al arco- iris moriría de sed, llevado por la esperanza e impulsado por su autoridad señaló hacia aquel lado.

Honda fue la conmoción interna que experimentó la concurrencia por aquel acto inusitado de su jefe, que faltaba el respeto al Cielo, contrariaba las leyes eternas y truncaba las tradiciones de la raza, todo lo cual podía considerarse como un pecado de muerte.

Solo había una manera de evitar el fin inmediato del héroe y la desgracia del pueblo, y era el de la confesión pública que debiera hacer el mismo soberano, dentro del agua de un río. A falta de este, el jefe mochica y todo su pueblo se dirigen hacia el mar de San José, y en la propia orilla, levantando los brazos y bajando la cabeza confesó sus pecados, e introduciéndose en el mar dijo: “ya he dicho mis pecados al Cielo, recíbelos tú mar y llévalos para que nunca más aparezcan”.

Y sólo así por la propia confesión pública se aplacó la cólera divina y llovió y brotaron las simientes y los animales, los hombres, las mujeres y los niños apagaron a sed.

Con todo, el quebrantamiento de algunas fórmulas rituales conllevaba la muerte. Por eso al poco tiempo, Naylamp, se enterraba vivo, con su propia efigie, hecha de una sola piedra de esmeralda, ene el fondo de la Huaca Chotuna , y en ella se dejó morir de hambre y de sed, para aplacar la cólera del Cielo y hacer justicia a las tradiciones propias de su raza.

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